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jueves, mayo 05, 2005 

limon y amoníaco



Todo partió tipo 12 de la mañana. Llegúe algo atrasado a la Universidad, como de costumbre. Estaba tocando un músico brazileño -que además es profesor del taller "guitarra bossanova" que ofrece nuestro centro de estudiantes- llamado Zeca Barreto. Entre sus pergaminos está el haber tocado con Gilberto Gil, Caetano Veloso y los chilensis de Angel Parra Trío.

Despúes nos entregaron cintas azules para poder ayudarnos mutuamente en caso de que quedara la cagada (algo intrínseco en estos actos, y no precisamente por disposición nuestra).

Enfilamos desde Beaucheff hasta Blanco, por Blanco hasta República, por República hasta Toesca; hasta que llegamos a Almirante Latorre y nos encontramos con la gente de la USACH. Mucha, mucha. Si hubiese sido partido de fútbol nos hubiesen gritado "oh, son una verguenza. Los ingenieros son cincuenta". Pero no, nos saludamos fraternalmente, les dimos la pasada para no diluirnos antes de tiempo y después seguimos a sus espaldas.

Llegamos, y el parque Almagro ya estaba lleno. Había música, muchos lienzos (algunos notables), una que otra cerveza, muchos perros e, incluso, niños de no más de 8 años.
Todo tranquilo. Nos dedicamos a filmar lo que pasaba entre la gente y tras bambalinas. Estaba Moyenei -firmante de la carta de rechazo a la ley de financiamiento-, el rector de la universidad Bolivariana y otras personalidades varias.

Al terminar el acto se partió en masa hacia la Alameda. No alcanzamos ni a caminar dos cuadras por Lord Cochrane (que es una calle bien chiquita) antes de que cayera el primer chorro amigo, acompañado de la primera estampida de gente. Así como truenos y relámpagos .Chorros y estampidas.

Se advirtió que era decisión de cada quien ir a la Alameda (no estabamos autorizados a hacerlo). Algunos no hicieron caso y otros, como yo, nos comenzamos a devolver. No estabamos ni ahí con ir al choque.
Como ya dije, la calle era chica y, pa más remate, mucha la gente. Por lo que era díficil moverse fluídamente.

De súbito aparecen dos guanacos más y, en cosa de segundos, me encuentro corriendo con el rocío de esas fantásticas aguas en mis zapatillas. No alcanzo a escapar y me incrusto contra una reja. Doy la espalda, me protejo con un chaleco y mi mochila.
Cierro los ojos. Y el chorro me llega como un latigazo. Duele y arde mucho (estoy empapado). Quedo medio ciego, miro hacia ambos lados y atino a arrancar de vuelta a la plaza junto a Pacha. Por el lado norte (Alameda) venían cucas llevandose gente, por el lado sur (parque) estaba uno de los guanacos que nos había regaloneado. No podía moverme en ningún sentido.

El guanaco estaba disparandole a la gente que corría hacia el parque. Así que espere a que disparara a otra persona -más arriesgada que yo- para luego correr a lo forrest gump. Y así lo hice. Me apuntaron, pero alcancé a alejarme lo suficiente.
Pacha tuvo distinta suerte, estabamos tan ciegos que se cayó. Se raspó la mano. Le ayudé a levantarse y nos fuimos sin ver nada al parque.

Ya estabamos a salvo. Pero no veíamos nada. Ardía la boca, la nariz -por no decir las fosas nasales- y los OJOS.
No pasaron ni dos minutos cuando vimos que la gente seguía corriendo. Nos paramos e hicimos lo propio hacia Santa Isabel. En la esquina estaba una compañera con amoníaco y sal. Me veía tan mal que un grupo de niñas empezo a decir "pobresito, pobresito". Si que se notaba el sufrimiento.

Nos curamos, nos quitamos nuestras empapadas y acidificadas ropas, seguimos corriendo en contra del tránsito por Santa Isabel.
Insistí en que nos fueramos al metro. Pacha estuvo de acuerdo, pero al llegar a la reja el guardia nos cerró la puerta en la cara. El transporte público nos dejó fuera por estar a torso desnudo. Preferían que nos agarraran a lumazos antes que protegernos. Eramos dos mojados y unos cuantos transeúntes (señoras, señores, gente nada que ver) y no una batahola de huevones empapados. Pero bueno, el guardia seguía como mongolito, mirando sin decir nada.

"Cristian vive cerca", pensamos en voz alta. El problema era que no estaba en casa (lo perdimos antes de arrancar del guanaco). Pero daba lo mismo. Era en ese momento o nunca. Arrancar o caer en las tenazas de nuestros amigos ninja.

Llegamos pasados a "neoprén", mojados, con ojos dignos de haber marihuaneado todo un fin de semana. Nos recibió un estornudante Mauricio (que es el hermano de Cristian). Pa'l ajo.

¿Por qué cresta tuvimos que pasar por eso, si nunca quisimos tener problemas?

¿Por qué no son más considerados y no se dan cuenta de que la mayoría va a marchar y no a tirar piedras?

¿No deberían respetar los acuerdos?
La marcha estaba autorizada hasta la Alameda. Y estabamos a 3 cuadras de ella.

¿Por qué -estando rendido, contra una reja y de brazos en alto- me llega un chorro de agua pica-pica? (eramos 4 o 5 en la misma situación, nadie respondiendo).

En la micro todos me miraban como si fuera bicho raro por andar con una bolsa llena de ropa edionda a neoprén y que , además, provocaba estornudos a 2 metros de diámetro.
Llegue a mi casa. Me intenté lavar un poco. Pero con agua todo ardía. No era una buena idea.

Prendo la tele. Y en las noticias dicen que los que empezaron todo fueron los vandalos de los estudiantes. Otra vez. Y yo que, se supone estuve ahí, quedo pensando ¿Habré estado en otro lugar?

y un poquito de sal....
Todavía me arde la mano. Malditos pacos.

siempre somos los que empiezan todo
hoy quedó más que claro que no es así
igual hoy me enorgullecí como nunca de estar ahí

que bueno escuchar eso, está claro que los señores carabineros se vanal chancho en situaciones como estas, como también es cierto que el lumpen se mete a dejar la cagada. Pero como digo, es bueno saber como los tratan y ojalá eso también saliera al público para que se sepa todo.

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